viernes, julio 13, 2012

No me voy de México


Mando fragmentos de un texto que envié a una antigua amistad recién convertida a las filas de la izquierda mexicana:

"Creo que ahora todos somos de izquierda, pero aún así seguimos pasando por estas cosas. Yo tampoco sé en qué va a acabar todo esto y me siento triste por nuestro país. Hay personas, claro, que están muy contentas, y si es de buena onda, pues me da gusto que estén contentas porque creen inocentemente en el cauce de todo esto. Yo no creo que las cosas estén bien, ni creo en la honestidad del presidente Calderón, ni creo en el IFE, ni en la Suprema corte de Justicia. Los Pedros Ferriz Decon del mundo me dirían: "Pues mejor vete de México", pero no, no me voy, me quedaré a seguir enfrentando a los que se venden por unos cuantos millones de pesos y para luchar por los que tienen una necesidad e ignorancia tan grande que deciden vender su voto por cien miserables pesos. Hace unos días me llenó de lágrimas la historia de una madre de familia que decepcionada decía (años atrás) que le fueron a pedir su credencial de elector a cambio de un pollo y no le devolvieron ni la credencial ni el pollo. Esa clase de cosas me entristece mucho, ¿cómo es posible que en México haya gente así de pinche? No puede ser que saqueen a nuestro pueblo hasta llevbarlo a tal grado que la comida para un día sea un aliciente suficiente para comprometer los años venideros? ¿y ni siquiera pueden cumplir su pinche promesa de comprarle un pollo a esa familia?
Hay mucho por hacer.

Que Dios nos ayude, porque el PRI no lo va a hacer.
Un buen amigo, opositor ferviente al sistema, me decía hace unos días que los jóvenes están muy entusiastas creyendo que pueden transformar las cosas porque nosaben contra quién se están enfrentando. Yo le contesté que yo quisiera no saberlo. Por eso a veces me hago que no lo sé. Me hago como que no escuché que en una misa negra le auguraron a un grupo de priístas que Uno de ellos iba a ser presidente de la República, y en ese grupo estaba Arturo Montiel, que ya no fue presidente, Oscar Espinoza Villarreal, que tampoco lo logró, y otros que tenían posibilidades pero no lo lograron, y también estaba un joven político con poco trasyecto en comparación con los demás, ése era Enrique Peña Nieto. El comentario lo escuché del autor de una biografíoa no autorizada de Enrique Peña Nieto y el grupo Atlacomulco, en Atlacomulco es donde se reunía el grupo de políticos priístas para ir a ver a una adivina. Hago como que no sé esas cosas o pienso que quizá no están bien fundamentadas, no quiero pensar que la lucha es contra el mismo Satanás. Pero la realidad me va diciendo día a día que es así. Cuando veo que el presidente del PAN dice: "Va a ser muy difícil anular la elección", como diciendo: "Si les interesa a los señores del PRI que los apoyemos no olviden que estamos en venta". O cuando el espurio les quiere comprar la conciencia los padres de los niños difunctos en a guardería ABC con una pensión vitalicia y ellos piensan: "¿Y si ya no tengo que trabajar por el resto de mi vida voy a dejar de sentir el dolor por haber perdido a mi hijo?"

Día a día la realidad me dice que en la política está lo más oscuro de los sentimientos humanos, sobre todo mientras más alto alzamos la vista. Pero a pesar de eso decido no rendirme. No puedo decir simplemente la frase pendeja de: "Es que todos roban". Pues si bien es cierto que todos van a robar, pues entonces no podemos usar la honestidad como un criterio, lamentablemente tenemos que decidir, de entre quienes vana buscar un cierto beneficio personal, a los menos ojetes. Y es que hay quienes nada más roban, pero hay otros que roban, violan, matan, secuestran, amenazan, torturan y un sinnúmero de tropelías más. Pero este es nuestro México y no, no me voy a ir.

Aquí me voy a quedar chingando la madre a quienes nos quieren pisotear, escupir, robar, secuestrar, violar y matar.

Que Dios nos ayude, aún en contra de algunos de sus ministros, quienes han cedido a tentaciones poderosas.

A ver que sucede Mi querida *****, te mando un sentido abrazo de un compatriota, mexicano, de carne y hueso, igual que todos los demás, los que votaron por cada partido y los que no votaron, los que tomaron las tarjetas de Soriana y los que las hicieron, los que creen en el espurio y los que le pagan sus mordidas, esperando, tal vez también inocentemente que algún día podamos vivir en paz.

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